Cuando te presentas por primera vez con una persona, la situación puede llegar a ser incómoda o penosa. Estrechas la mano, levantas la mano, a veces un abrazo o un beso en la mejilla, temiendo que sea un saludo descoordinado. Los introvertidos me entenderán. Cuando saludas por primera vez, ese saludo no dice mucho de la persona; conoces solo lo superficial y lo que ellos quieren mostrar. Pero cuando el desconocido se convierte en conocido, y el saludo se hace ritual, te das cuenta de lo mucho que congenias y agradeces su amistad.
Tiphanie Zúñiga Rivera