Durante toda mi vida, me ha costado mucho ponerme a mí mismo de primero. Es muy difícil priorizarse, más cuando se tiene hijos; la vida propia queda en segundo plano y se vive queriendo que los hijos lo tengan todo. Así he vivido: he ofrecido a mi familia cada esfuerzo, y eso me satisface. Pero, a veces, esto me ha costado mi estabilidad mental, y es algo de lo que no se suele hablar. El amor propio es clave para una vida plena, y eso lo aprendí hace muy poco. Logré entender que el sacrificio no es una prueba de amor, y solo hace que el proceso de vivir sea más doloroso. Debemos entender que todos merecemos un respiro; todos merecemos darnos detalles, chinearnos, darnos amor, asegurarnos de ser felices y estar emocionalmente bien. Automáticamente, esta felicidad y bienestar se reflejan a nuestro alrededor, causando una tranquilidad común. Una mente tranquila también trae éxito y abundancia.
Tiphanie Zúñiga Rivera