Cada 15 días realizamos entregas a San José. Siempre voy contento de llevar nuestro café a todos ustedes. Es un viaje un tanto largo y cansado, pero que aprovecho para estudiar con audiolibros y pódcast, para aligerar la carga.
En varias ocasiones, más cuando estoy atorado en el tráfico Josefino, me he puesto a pensar en qué haría yo si me pasara un accidente o si se me descompusiera el carro. Aunque considero que suelo tomar medidas para que esto no suceda. Además de ser muy cuidadoso en las calles, trato a mi carro como si tuviera vida. Ya sé, ya sé, suena un tanto alocado, pero siento que funciona. Siempre le agradezco por llevarme y traerme, y me gusta pensar que esto es lo que me ha librado de alguna situación bochornosa. Pero creo que mi carro, esta vez, decidió hacer berrinche.
El segundo día de trabajo, empecé a escuchar un sonido muy extraño en el carro, y yo solo le decía: “Tranquilo, lleguemos a casa”, pero cada vez el sonido era más constante. Casualmente, recibí un mensaje de mi mecánico. Él solo me vacilaba, preguntándome que por qué lo tenía tan abandonado, nos reímos un buen rato.
Al día siguiente, cuando ya iba de regreso a casa, pasé el peaje y… ¡PUFF! El carro se apagó.
Continuará…
Tiphanie Zúñiga Rivera