A veces vivimos pensando que somos inmortales. Creemos que las cosas malas son ajenas a nosotros, que siempre vamos a estar bien, que tenemos mucho tiempo, por lo que siempre usamos el: “después lo hago”, “después estudio lo que quiero”, “después viajo por el mundo”, “después visito a mi abuelita”, “después hago las paces con mi papá”… y así, una lista interminable. Pero, cuando uno menos se lo espera, se acabó el tiempo y nunca pudimos hacer lo que tanto queríamos.
Hay que vivir todos los días como si fuera el último, cumplir nuestros sueños, hacer esa buena idea, amar a los nuestros y siempre agradecer por la oportunidad de tener un día más.
Tiphanie Zúñiga Rivera