Esto del café me ha permitido conocer a personas fascinantes y vivir experiencias inolvidables. Es lo que más disfruto de mi trabajo, y en esta ocasión tuve el privilegio de conocer a un maestro Tao.
Trabajar en el campo requiere de mucho esfuerzo físico, fuerte y constante, y eso ha hecho que me lesione el hombro, causando algunos contratiempos durante mi labor.
Hace unos días tuve la oportunidad de conocer a un muchacho y a su linda familia, que llegaron recientemente al país. Conversamos un montón, y me comentó que, de carrera, es ingeniero, pero que su pasión es la sanación. Me llamó demasiado la atención. Pensé en mi dolor de hombro, se lo comenté y, de una vez, agendamos un día para aliviar mi malestar.
Llegó el día y él empezó inspeccionando cada articulación de mi cuerpo y mi postura. Me recosté en una camilla; empezó a enrollar mis extremidades con telas y ¡“track”! todo tronaba. Al principio sentía como si mi cuerpo estuviera desarmado, pero, al momento, experimentaba un descanso y un alivio impresionante. Lo más increíble de todo fue cómo él, a través de sus manos, me transmitía su energía, a tal punto que sus manos se sentían calientes. Terminó la sesión, me puse de pie y me sentí como un hombre nuevo: ya no me dolía el hombro, me sentía ligero como una pluma y con mucha energía.
Sigo en tratamiento, porque se requiere de tiempo para sanarme del todo, pero, sin duda, me siento diferente, mucho mejor.
Tiphanie Zúñiga Rivera