A veces, es difícil aceptar ayuda, y más aún, pedirla. Nos cuesta tanto recibir un consejo, una recomendación, porque nos sentimos pequeños. Nos da miedo que los demás nos perciban perdidos; nos aterra que nos vean improvisar. Pero dejemos esos pensamientos atrás. No solemos ser conscientes de lo esenciales que podrían ser los demás para nuestro bienestar. Las personas a nuestro alrededor bien podrían tener la solución a nuestros problemas, bien podrían tener la respuesta a nuestros dilemas. El tener a alguien que quiera aconsejarnos es la prueba viviente de que tenemos a alguien al que le importamos.
Tiphanie Zúñiga Rivera