A veces tomamos decisiones por necesidad, por urgencia, una idea para llegar a donde queremos lo más rápido posible. Pero ese corre-corre, por querer tomar el camino corto, es un arma de doble filo. Equivocarse al tomar una decisión es lo más humano y es parte del crecimiento. Sin embargo, muchas veces esas decisiones que tomamos terminan convirtiéndose en una bola de nieve de problemas y dificultades, pero nos aterra retractarnos, aceptar que nos equivocamos, por lo que nos aferramos a una mala decisión por miedo a sentir el fracaso. Pero hay que soltar, aceptar que no es lo mejor, abrazar el fracaso, resolver y seguir avanzando. Siempre hay que recordar que se deben perder batallas para ganar la guerra.
Tiphanie Zúñiga Rivera