Me encanta recordar a mis hijas pequeñas, siempre correteando, siempre tan alegres. Recuerdo que todas las mañanas salía de mi casa con una sonrisa de oreja a oreja por el “buen trabajo, papito” que me decían, medio adormiladas, siempre que me iba a trabajar. Era mi motivación. Al día de hoy, a pesar de que ya no son esas niñitas despeinadas, siguen siendo mi motivación, y más que eso. Gracias a ellas estoy donde estoy. Les agradezco de todo corazón que crean en mí y que apoyen mi pasión. Ahora todos somos un equipo en esto que hacemos, y el amor que sentimos por la familia se refleja en lo que les damos a los demás.
Tiphanie Zúñiga Rivera