Cuando mueren nuestros seres queridos, solemos despedirlos en unión con una taza de café caliente y su bizcocho. Cuando nos sentimos agotados y desanimados, bajamos a la cocina a prepararnos un café. Cuando vamos a casa de mamá y nos recibe con una taza humeante de café, con todo tipo de pan, porque ese es su lenguaje del amor. Cuando el plan de ese buen amigo es disfrutar de un buen café para conversar de la vida.
El café es tranquilidad, es como un abrazo de la persona que más amamos. Está presente en cada momento de nuestras vidas: en los días buenos, en los malos; es el porqué de las visitas y de los buenos planes.
Tiphanie Zúñiga Rivera