Camino a Cartago, papá estaba muy callado, con su cigarro en la boca. En ese momento no entendía muy bien lo que pasaba, pero hoy comprendo que vivimos las dificultades del agricultor, como el no poder vender el producto al precio que se merece tras un arduo trabajo. Al llegar a Cartago de nuevo, papá habló con otras personas y bajó algunos sacos de naranjas, pero seguía con ese rostro de inconformidad y preocupación al ver el cajón aún casi lleno. Empezamos a echar las naranjas en unas bolsas pequeñas, pero no se vendía casi nada. Recuerdo que ya estaba anocheciendo, ya teníamos que volver a Pérez. Papá miró el cajón del Toyotón y dijo: “No queda más remedio”. Nos subimos al carro, papá condujo un poco y se detuvo en una entradita. Se subió al cajón y empezó a tirar, una por una, las naranjas. Recuerdo notar desde el retrovisor el dolor que sentía papá al tirar su esfuerzo por el camino. ¿Qué habrían hecho en su lugar?
Tiphanie Zúñiga Rivera