No importa a qué lado voltee, todo lo que veo es verde, todo lo que respiro es puro, todo lo que oigo es vida. Al levantarme, siempre me encuentro con el espectáculo del sol al salir: veo cómo los primeros rayos iluminan las montañas, cómo, poco a poco, les devuelve el bello color verde a las copas de los árboles y cómo son la señal para el despertar de los pájaros. Al acostarme, me encuentro con un cielo negro, pero iluminado por una luna brillante, con un cielo pintado con estrellas, una noche cubierta con el coro de los grillos y de las ranas. Donde vaya, todo puede ser frío, todo puede ser calor, todo puede ser montaña o todo puede ser playa. Una tierra llena de vitalidad y abundancia. Esa es mi tierra.
Tiphanie Zúñiga Rivera