Cuando se llega a la vida adulta, las presiones de la vida llegan como una tormenta. Somos lanzados al mundo real, y a veces con instrucciones mal redactadas. La sociedad nos vende la vida como un espacio para ser máquinas de dinero. Por esto, muchas personas ponen de lado sus pasiones y deseos solo por ser distintos, y prefieren esclavizarse a algo que no los llena, para en un futuro tener una estabilidad económica asegurada. Pero ¿de qué sirve, si no me voy a poder levantar todos los días emocionado por un día más de trabajo? ¿Por qué escogemos nuestras profesiones por lo material y no por el regocijo que se siente en el corazón el hacer algo que nos apasiona? ¿Por qué hay que vivir una vida blanca o negra, y no una llena de colores?
Tiphanie Zúñiga Rivera