Todo lo que viví en aquel otro país dejó en mí una huella que también soy capaz de extrañar. Después de todo, ahí fue donde formé una familia y maduré. Recuerdo con nostalgia esos días de verano, cuando la brisa era fuerte y ruidosa, y hacía que esas pequeñas semillas en forma de hélice, que se encontraban en ese viejo árbol de enfrente, volaran por doquier. Ir al parque de al lado con mis niñas siempre eran risas y saltos durante el camino. Esos paseos en carro, con los mismos discos de siempre sonando. La misa los domingos y, luego, la visita a nuestros restaurantes favoritos. Vivo agradecido de que ese también fue mi hogar, en donde aprendí mucho y que, sin duda, ha sido una ayuda para avanzar hasta donde me encuentro ahora.
Tiphanie Zúñiga Rivera