Hallo a mis padres en mi reflejo. Me encuentro imitando gestos que solía hacer mi padre y veo en mí rasgos que alguna vez le pertenecieron. De repente, escucho a mi madre en mi vocabulario, o río, y el eco de mi voz hace que aparezca su imagen en mi mente.
En un punto de nuestras vidas deseamos no parecernos a nuestros padres, pero, con el tiempo, eso cambia, porque nos damos cuenta de que no son eternos. Luego agradecemos estar impregnados de ellos al reír, al hablar y al vernos al espejo.
Verlos en mí, ahora, solo significa amor.
Tiphanie Zúñiga Rivera